Meditación, Mindfulness y Terapia. Parte 2 de 3.

¿Por qué lo llaman Mindfulness cuando quieren decir Meditación?

Por Joan Serrat

A finales del siglo XX tiene lugar un fenómeno social que consiste en importar las prácticas espirituales tradicionales desde el Oriente a Occidente. Sin entrar a considerar los motivos, observamos que se genera un interés y el posterior acercamiento, especialmente entre ciertos segmentos de la población, hacia algunas de las prácticas milenarias que antes hemos apuntado. Para simplificar: Años 60, irrupción disruptiva del movimiento contracultural que nace en los USA y se extiende por el resto del Imperio. Hippies, drogas psiquedèlicas, comunas, pacifismo, alternativas al Sistema. Más o menos todos conocemos la historia. Y dentro de este potente combinado se incluye la Meditación, asociada a “lo espiritual” en oposición al “materialismo” capitalista imperante, y también a las sectas y sus efectos perniciosos. De tal manera que al descontextualizar la Tradición ésta se banaliza, hasta convertir la búsqueda de la trascendencia en un producto de marketing más. La capacidad del Sistema para integrar y pervertir aquello que lo amenaza es bien conocida.

En este contexto se produce otro nuevo fenómeno. La Ciencia Occidental con sus herramientas propias se interesa en “saber” que sucede en la persona cuando medita y empieza a investigar. Los avances de la neurociencia permiten “mapear” el cerebro humano y observar qué sucede cuando alguien medita. Desde otras disciplinas se estudia, evalúa, experimenta y finalmente se concluye que la Meditación tiene unos “efectos” y que éstos son beneficiosos para la persona, tanto desde el punto de vista fisiológico (la salud física) como psicológicos y de comportamiento. (la salud “mental”). El paso siguiente es adaptar esta tecnología antigua a una nueva, más apropiada para la mentalidad occidental, desligada de la vertiente espiritual y de la mística oriental originales. Así surge Mindfulness.

En este proceso hay dos figuras relevantes. Thich Nhat Hanh, nacido en Vietnam en 1926, siguió la formación monástica del budismo zen según la tradición mahayana y en 1966 se exilió a los USA. Allí se dedicó a transmitir su conocimiento y promover la cultura de la paz, aconsejando por ejemplo a Martin Luther King. En su enseñanza combina los métodos tradicionales de meditación con algunas ideas de la Psicología Occidental y a este “zen moderno” lo llama Mindfulness, traducido como atención o consciencia plena. Desde 1982 reside en Francia dedicado a la difusión del “arte de vivir conscientemente”, escribiendo, dirigiendo retiros, transmitiendo su Maestría.

El segundo personaje fundamental en toda esta historia es Jon Kabat-Zinn. Nacido en 1944 en New York, estudió medicina y se doctoró en biología molecular en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en 1971. Fruto de su generación, fue instruido en enseñanzas budistas y practicante de meditación Vipassana y al observar los resultados se aplicó en desarrollar la transferencia al entorno de la Universidad. Investigó y trabajó como docente durante años hasta que en 1979 propuso a la dirección de la escuela de medicina un proyecto en el que proponía utilizar Mindfulness para beneficiar a los pacientes, definida como “la conciencia y atención plena, con el propósito enfocado en el momento presente, y sin emitir juicio inmediato de la experiencia”. La dirección de la escuela lo aprobó y los médicos empezaron a derivar pacientes al nuevo programa al que denominó Mindfulness Based Stress Reduction (MBSR), traducido como Reducción del estrés basada en Mindulness. Su propuesta tuvo éxito y se transformó en la Clínica del Estrés, en la que se ofrecía como servicio clínico diseñado específicamente para pacientes con dolor crónico y los síntomas derivados del estrés, con la ansiedad como objetivo central de la intervención. En 1982 publicó su primera obra a la que han seguido muchas otras, así como centenares de publicaciones en revistas científicas. Así, durante casi 40 años Mindfulness se ha extendido, entrando en una gran variedad de ámbitos de nuestra sociedad, desde las universidades al mundo de la empresa, pasando por hospitales, escuelas, consultas de psicoterapia, etc. También el formato se ha diversificado, desde el inicial MBSR a talleres de mayor o menor duración, formaciones, retiros, intervenciones puntuales en entorno psicoterapéutico e incluso en APP’s para móviles.

De entre todos ellos el que ha evidenciado ser más eficaz en sus resultados es el original MBSR, depurado a lo largo de los años de práctica, que básicamente es un programa de entrenamiento con una estructura y metodología muy concretas. Son ocho semanas de práctica, en sesiones de 2 horas y media por semana, en grupos de 10 a 15 personas. En cada sesión el facilitador introduce temas y prácticas que se realizan en el aula y posteriormente como tareas cotidianas hasta la siguiente sesión. Los temas son: El triángulo de la atención (pensamientos, sensaciones y emociones); la percepción de la realidad y cómo juzgamos; las emociones y cómo regularlas; el estrés, sus consecuencias y las estrategias para afrontarlo; la comunicación consciente; la gestión del tiempo y como tener cuidado de uno mismo; los hábitos para cultivar el bienestar y la felicidad. Entre las prácticas están las formales y las informales. De entre las formales destacan por su importancia la Atención a la Respiración y la Exploración del Cuerpo, siendo la primera la que se corresponde con la tradicional Meditación Vipassana y la segunda una forma de conciencia corporal similar a la relajación profunda. Las informales se corresponden con una gran variedad de prácticas que pueden realizarse durante la vida cotidiana, aplicando la atención plena. Además de estas prácticas se introduce también el Yoga, habitualmente una combinación de Hatha Yoga y ejercicios de consciencia corporal. Finalmente se celebra un día de retiro durante el que se combinan prácticas y dinámicas de grupo bajo la norma de mantener silencio. Una experiencia que para muchas personas resulta reveladora. La clave del éxito del programa radica en el compromiso de la persona con la práctica diaria pues sin ella no hay consolidación del aprendizaje.

En conclusión, se puede decir que Mindfulness es un conjunto de técnicas cuyo origen proviene de diferentes tradiciones orientales (Meditación budista Vipassana y Yoga, fundamentalmente), adaptadas según el conocimiento de la ciencia actual, para convertirla en una tecnología de la salud (cuerpo-mente) que puede aportar los siguientes beneficios a quienes la practican:

  • La absorción de oxígeno disminuye entre un 16 a 18 por ciento, el ritmo cardiaco se reduce en un 25 por ciento y también baja la tensión sanguínea. El efecto combinado de estas disminuciones consiste, esencialmente, en que el organismo entra en un estado de reposo profundo, superior incluso al que se experimenta durante el sueño normal.
  • Descenso en los niveles de colesterol, mejora del sistema inmunológico, aumento del nivel de serotonina (efecto antidepresivo), aumento de endorfinas (sensación de bienestar).
  • Disminución de la tensión física (sistema esqueleto-muscular) y psicológica (estado de calma y relajación) y mejora de la calidad del sueño.
  • Aumento de la capacidad de concentración y optimización de los procesos cognitivos para el aprendizaje.
  • Reducción de síntomas que cursan con estados de estrés (insatisfacción, agresividad, miedo, ansiedad, insomnio …), manejo del dolor en caso de enfermedades crónicas y desarrollo de la Resiliencia.
  • Apertura relacional con una mayor presencia y conexión con otras personas (aumento de la receptividad, empatía, compasión …)
  • Incremento de la introspección que facilita la toma de conciencia de nuestros procesos psicológicos.
  • Facilita procesos de crecimiento personal, desde la autorrealización hasta lo espiritual.

La finalidad última es que Mindfulness se convierta en una forma de vida en la que la conciencia, el “darse cuenta”, sin juicio, con amabilidad, sea la herramienta para el crecimiento integral, hasta donde cada uno necesite o quiera llegar.

Ahora te proponemos realizar una de las prácticas “informales” que utilizamos en Mindfulness y que consiste en comer con conciencia. Para ello puedes elegir una de tus comidas del día, la que te resulte más adecuada para realizarla en silencio, llevando tu atención a lo que estás haciendo, comer. Apreciando la textura del alimento, observando las sensaciones que se producen al masticar lentamente, degustando el olor, el sabor, disfrutando del proceso de comer. Si tu atención se va a los pensamientos, “lo que he hecho”, “lo que tengo que hacer”, cualquier idea que aparezca en el campo de tu conciencia, date cuenta y con amabilidad vuelve de nuevo a lo que en este momento estás haciendo, comer. Con esta práctica estás aprendiendo a domesticar “el mono loco”, la mente.  No te preocupes si no lo consigues plenamente, recuerda que lo importante es la intención. Luego, observas los resultados. ¿Cómo te sientes ahora?

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