Artículo publicado para la Asociación Transpersonal Iberoamerica sobre vulnerabilidad y consciencia.

Por Alain Mullenex,

“La herida es por donde entra la luz en ti” Rumi

Nuestra sociedad de consumo genera, cada vez, mensajes más agresivos sobre una visión del éxito, entendido únicamente desde la riqueza material, el estatus social y valores artificiales declinados a través del culto al cuerpo, la juventud y la felicidad eterna.

La idea de bienestar psicológico se ve manipulada entre la psicología positiva, las fórmulas “new age” de desarrollo personal y las múltiples terapias enfocadas en “atraer el éxito, la sanación y la abundancia” en una inmediatez similar a las redes sociales.  El “ser espiritual” se vuelve una mercancía donde buscamos una píldora de la felicidad que nos permitirá encontrar la máscara perfecta para no encontrarnos con nuestra vulnerabilidad.

Se da entonces una situación conocida como “bypass espiritual”, donde la persona multiplica las experiencias y formas de conectar con su naturaleza espiritual sin realizar un trabajo profundo de integración en su vida cotidiana. Una verdadera integración dentro de un camino espiritual auténtico se da, únicamente, cuando la persona entra en contacto con su dolor y su sombra, permaneciendo y sosteniendo los vacíos existenciales y las transformaciones del ego.

En este sentido, la psicoterapia transpersonal es una de las vías de integración de las dimensiones espirituales del ser humano; más allá de los campos e intereses de la psicología tradicional en los que la vulnerabilidad suele ser concebida como una disfuncionalidad e incluso una patología frente al equilibrio emocional.

Comúnmente entendemos la vulnerabilidad como el riesgo al que una persona, sistema u objeto se ve expuesto y que implica la posibilidad de un peligro inminente: desastres naturales, desigualdades económicas, políticas, sociales y/o culturales. Sin embargo, la palabra vulnerabilidad deriva del latín vulnerabilis. Dicho término está compuesto por vulnus, que significa ‘herida’, y el sufijo –abilis, que indica posibilidad. Por lo tanto, etimológicamente, vulnerabilidad indica una mayor probabilidad de ser herido. De hecho, la mayoría de las tradiciones espirituales se basan en personajes arquetípicos y/o enseñanzas relativas a la herida como camino espiritual.

Carl Gustav Jung llamaba los terapeutas “los sanadores heridos”, haciendo referencia al arquetipo de Quirón, centauro herido por una flecha, que conoce el dolor profundo y el sufrimiento, lo que le permite acercarse al dolor de los otros. El sanador lo es porque sana, pero a su vez está herido, es una paradoja existencial que presenta el terapeuta transpersonal que busca sanar su dolor y también ofrecer la curación.

Para Bernadette Blin, en su sistema de “animaterapia”, la vulnerabilidad es un pilar de la relación terapéutica y una calidad fundamental para el psicoterapeuta transpersonal. El profesional tiene que prescindir de toda intención anticipativa y necesidad de controlar la situación, aun siendo el referente. Su presencia está íntimamente vinculada a su desarrollo de la consciencia, tanto hacia abajo (la tierra, la encarnación) y arriba (la consciencia, el Ser) y juntos en el corazón. Cómo dice Blin, en una relación de espejo y de no separación: “Es a través de su propio corazón que el terapeuta puede iluminar el corazón de la persona que está acompañando, a través de su Ser puede iluminar el Ser de su cliente”.

El psicoterapeuta entra en intimidad con sus sensaciones y está atento a sus propias necesidades y a sus miedos: por ejemplo, la necesidad de ser eficaz, de entender, de ser entendido, de ser aprobado y finalmente de ser amado. Blin describe estas necesidades como “vestimenta” o “velos” que nos protegen de conectar con nuestras heridas, nuestra vulnerabilidad, nuestra fe o falta de fe en la vida y en el ser humano, que tenemos en terapia. Es una forma de interrogarnos sobre el grado de confianza que tenemos en la vida, en el amor y en la alquimia de lo que ocurre en un proceso psicoterapéutico aceptando esta zona del gran misterio y del no saber.

Además, la vulnerabilidad del psicoterapeuta transpersonal expresa también su humildad. Únicamente a través de su propia experiencia humana, vulnerable, el terapeuta puede acompañar. Si uno ha trabajado suficientemente sus heridas, se instala un movimiento hacia la humildad sabiendo que hay espacios infinitos donde permanece un “yo no sé” desde el Ser y no desde el saber. Ahí, la humildad permite el encuentro real con el otro, sabiendo que hay siempre una parte invisible en toda relación terapéutica.

Más allá del papel del psicoterapeuta transpersonal

Saber estar en contacto con nuestra vulnerabilidad es saber estar en contacto con nosotros mismos. Es volver a reconocer que nuestros estados emocionales no son erróneos, ni tienen que ser anestesiados de por sí. Aprender a permanecer en la quietud y en la observación, tal y como lo enseñan las técnicas de Mindfulness basadas en la tradición Zen del budismo Mahayana, que han demostrado un beneficio eficaz para reducir el estrés. Como lo define Jon Kabat-Zin, padre del MBSR (Mindfulness Based Stress Reduction[1]) se trata de desarrollar “la conciencia y atención plena, con el propósito enfocado en el momento presente, y sin emitir juicio inmediato de la experiencia”.

En este sentido, la presencia y atención plena forman lo que podemos llamar el centro espiritual de muchas tradiciones. Son la puerta de entrada a lo que transforma el dolor de la herida: la aceptación entendida como compasión. Este espacio donde dejamos de luchar, dejamos de exigir nuestra verdad del ego, nos remitimos al gran misterio, al más allá, desde una actitud de rendición hacia la Consciencia. Por un lado, es importante evitar confundir la “rendición” con la “resignación”, en la cual uno se abandona a una actitud pasiva en la que la aceptación se vive desde la condena. Por otro lado, la palabra “rendición”, para muchos, suele remitir a la derrota y al abandono frente a los retos de la vida.

La verdadera “rendición” es un proceso meramente interior en el que dejamos de oponernos a lo que es para estar presente con lo que sucede en el momento, el famoso espacio llamado “el ahora”. De esta forma, uno se autoriza a sentir de manera incondicional y sin reservas, dejando de lado la interpretación, los juicios de la mente que reflejan los mecanismos de defensa del ego.

Sabemos que el ego se tiende a tambalear cuando está expuesto al dolor. En esta sociedad hemos aprendido a huir del dolor, haciendo todo lo posible para evitar la conexión con ello. El “Libro tibetano de la vida y la muerte” nos recuerda: “No importa lo que hagas, no intentes escapar de tu dolor, estate con ello”. Los intentos de escapar del dolor son los que crean más dolor. La vulnerabilidad nos invita entonces a desarrollar esta compasión hacía nosotros mismos y hacia nuestro presente. Sentir esta compasión es imprescindible para poder experimentar el dolor, sin necesitar alejarnos de ello.

Además, el hecho de que la sociedad occidental se haya construido ignorando la riqueza del material emocional, tanto en la educación como en la construcción de la personalidad, ha dificultado nuestra relación con el dolor. Claudio Naranjo hablaba de “competencias existenciales” necesarias para el buen desarrollo de la psique del niño o del adulto: el amor, la devoción y el goce: El amor se entiende como la capacidad de amar, no solo al prójimo, sino también a todos los seres vivientes. La devoción sería hacia los ideales y valores como la verdad, desde la visión de Sócrates, de filia, de amor a los valores. El goce se concibe como placer de vivir experimentando el juego y la sexualidad, criminalizados en nuestra sociedad patriarcal. Estas competencias nos ayudan a mantener una presencia en nuestro cotidiano y a calmar nuestra ansia por “llenarnos” evitando el dolor del vacío existencial.

La vulnerabilidad como experiencia transpersonal

El tránsito de los estados emocionales del dolor necesita, en general, de un acompañamiento. La psicología transpersonal ofrece un modelo de la psique humana desde la importancia de las experiencias espirituales, cósmicas y el potencial evolutivo de la consciencia, que reconoce el arduo camino de la aceptación incondicional

El marco transpersonal busca, a través de estados que transcienden el ego, integrar lo transcendental o espiritual en las dimensiones personales, manifestando el Ser. La conexión con nuestra vulnerabilidad nos invita a experimentar las facetas de nuestra humanidad en todos sus aspectos y características para llegar a tocar una forma de autenticidad, lejos de las máscaras del cotidiano.

De hecho, la palabra “trans-personal” nos remite a transcender la “persona” que significa “máscara” en latín. La máscara tiene esta doble función de protegernos y de aislarnos, de sentir y vivir. El proceso psicológico de identificación con la máscara es lo que nos encierra en un pensamiento que fija la identidad. En este mecanismo de definición del ego, dejamos de ser libres porque nos esforzamos en rechazar lo que no queremos ver. La vulnerabilidad es lo que nos libera de nuestra máscara, donde encontramos la capacidad de exponernos con el corazón abierto, sintiendo y viviendo el momento presente, sin juicios, ni expectativas. El encuentro con nuestra vulnerabilidad nos lleva a descubrir lo maravilloso, lo único, lo misterioso y lo invisible, que existe en todo ser y en toda cosa. Desde un marco transpersonal, nos empuja a encontrar “el amor escondido” que sostiene el universo.

Artículo publicado en el Magazine de la Asociación Transpersonal Iberoamericana.

Poema de Jeff Foster

Deja de intentar sanarte, de intentar arreglarte.

Deja incluso de intentar despertar.

Deja de intentar avanzar rápidamente la película de tu vida.

Abandona todo «abandonar».

La sanación no es un destino. Estate aquí. Tu dolor, tu tristeza, tus dudas, tus anhelos, los pensamientos que aparecen cuando tienes miedo…no son errores.

Nunca te han pedido que los arregles. Lo único que te piden es que los acojas, aquí, ahora, con delicadeza, en el amoroso y reparador abrazo de la consciencia presente.


[1] Por sus siglas en inglés

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