¿Cuáles son las fases de la relación terapéutica en un proceso de psicoterapia transpersonal?

Por Alain Mulllenex,

Frances Vaughan, psicóloga pionera de la corriente de psicología transpersonal, insiste en que lo que caracteriza el psicoterapeuta transpersonal nos es el contenido, sino el contexto: el paciente es quien determina el contenido.

En este sentido, Magda Sole, psicóloga y psicoterapeuta transpersonal usa la palabra “actiente”, haciendo referencia a la participación activa del terapeado en el proceso de curación o sanación. Pasamos de la visión clásica del “paciente” o “cliente” a la de “actiente” que pone el terapeado como activo y determinante en la sesión de psicoterapia.

El terapeuta transpersonal se encarga de los sucesos que emergen a lo largo del proceso terapéutico, desde los problemas existenciales, los datos biográficos hasta su desarrollo somo ser humano en la sociedad.

Lo que diferencia realmente la orientación transpersonal es el modelo de la psique humana que reconoce la importancia de las experiencias espirituales, cósmicas y el potencial evolutivo de la consciencia.

Grof comenta “independientemente del nivel de conciencia en el que se centra el proceso terapéutico, el terapeuta transpersonal conserva la conciencia de la totalidad de la gama y está dispuesto a seguir al paciente, en cualquier momento, hacía nuevos reinos experienciales, cuando la oportunidad se presenta”.

Hay una primera diferencia entre las corrientes “clásicas” de psicoterapia donde el terapeuta está dispuesto a involucrarse en el acompañamiento en otros estados de la consciencia, denominados “alterados” o “no ordinarios”. Vemos que hay una predisposición en este sentido a considerar los estados que se experimentan durante las ceremonias chamánicas tanto por el lado del actiente como del terapeuta.

En la relación entre actiente y psicoterapeuta transpersonal encontramos diferentes fases que definen un “nosotros” de la relación terapéutica. Pierre Janin de formación Gestalt nos enseña un mapa que puede también servirnos en la visión de los estados que se pueden dar en una psicoterapia transpersonal.

Janin distingue seis registros principales de relaciones que corresponden a las diferentes etapas de la relación terapéutica y a los diferentes estados de los procesos de individuación, mostrando los riesgos que cada uno contiene.

  • La fusión o la indiferenciación: En este registro, la persona está en estado de dependencia total como puede ser un recién nacido o en el polo opuesto, propone una acogida incondicional como una madre perfecta. Cuando las necesidades no son satisfechas, puede haber un sentimiento de inexistencia, de vergüenza, de indignidad y de persecución. Se puede percibir olas entre fusión y cortes radicales.
  • El Yo dependiente: En este segundo registro, la persona necesita mucho apoyo y presencia afectuosa como lo necesitaría un niño o en simetría propone la necesidad de educación y de tener un guía como el padre protector, el educador o el hermano mayor. Cuando estas necesidades no son satisfechas, son la fuente de sentimientos de inferioridad, inutilidad, ilegitimidad y de fracasos.
  • El Yo soy: Aquí la persona necesitas desmarcarse, expresar sus críticas, contestar y transgredir como el adolescente en su instinto vital de afirmación de uno mismo. En el otro polo, necesita una autoridad clara, respetuosa, confrontadora que le de un marco sobre la responsabilidad personal, sabiendo decir que no. Allí, se pueden percibir sentimientos de exclusión, injusticia, deseos de venganza, inadaptación social, autoritarismo y un lado moral y justiciero.
  • El Yo: Es el momento de la búsqueda de los pilares personales con la necesidad de tomar distancia, de introspección, de estar fuera de la mirada de los adultos como cuando el joven adulto se busca. En oposición es el momento de ofrecer referencias teóricas, modelos, una disciplina de vida como un maestro o un formador de escuelas. En este estadio, el riesgo es de la búsqueda solitaria, del aislamiento, del rechazo al compromiso, de la pérdida del vínculo, del riesgo a volverse discípulo de un gurú.
  • El Yo- Tú: Es el registro del descubrimiento del encuentro, de la fraternidad, del dialogo y de la confrontación con los egos como el adulto suficiente construido que busca su madurez relacional. Es la necesidad de tener un lugar en la familia humana que comporta el riesgo sin ser satisfecho de entrar en incesante competencia, de cultivar rivalidades estériles, de nutrir guerras sin fin de honor o de poder.
  • El Nosotros de alianza: Es el repertorio del “vivir juntos con nuestros semejantes”, de los adultos interiormente y relacionalmente maduros, conscientes de sus diferencias y cooperando al servicio de una causa común que va más allá de su individualidad científica, humanista, política y espiritual. Se trata de dos personas que se expresan en un vínculo y una relación fértil que transforma a cada una. Aquí, el riesgo es de creer que el otro o los otros estén dispuestos a “vivir todos juntos” y caer en el proselitismo integrista, la utopía comunitaria o el delirio místico.

Todos estos estados se pueden encontrar en la relación terapéutica y es importante poder reconocerlos y saber acompañarlos. En este sentido, el psicoterapeuta transpersonal confía en el proceso del otro y en su naturaleza sagrada como ser humano. Según el tipo de relación que pueda necesitar el actiente, el psicoterapeuta le acompaña en su proceso de aceptación y en su transformación respectando su ritmo.

Janin nos explica que se puede elegir ubicarse en una relación más vertical donde el terapeuta se muestra más como un padre, un educador o una figura mayor. Si se elige una relación horizontal, los dos están en una relación más fraternal, solidaria y los dos intercambian su camino y su humanidad. Sin embargo, podemos pensar que estos dos tipos de relación se van intercambiando según los momentos del proceso psicoterapéutico.

Añadiendo una visión transpersonal a este marco gestáltico, podemos pensar que las experiencias con estados alterados de consciencia invitan a vivenciar todos los tipos de relaciones a la vez.

Las experiencias transpersonales implican la trascendencia de las barreras espaciales y nos dejan pensar que los límites entre el individuo y el resto del universo no son fijas, ni absolutas. Lo transpersonal puede entenderse como el descubrimiento de lo maravilloso, lo único, lo misterioso y lo invisible, que existen en todo ser y en toda cosa.

El marco de la terapia transpersonal de una cierta forma nos empuja a encontrar “el amor escondido” que sostiene el universo.

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